lunes, 20 de septiembre de 2010

Las caídas nos hacen más fuertes.


Aprender a montar en bici ha sido un reto para todos nosotros; cuando teníamos cuatro o cinco años y nuestro padre, madre, abuelo/a nos empujaba por detrás y trataba de tranquilizarnos con su "no te voy a soltar", y cuando menos te lo esperabas ahí estabas tú solito, a la deriba, pero andando. Primero experimentas ira, rabia... te han mentido. Luego, te das cuenta de que no fue más que una mentira piadosa para que lograras tu meta: aprender. Puede que te cayeras, y eso incrementó aún más tu enojo, encima ahora duele. Pero, te vuelves a levantar al día siguiente, y vences de nuevo al miedo, sólo es un obstáculo, de nuevo la misma situación; pero esta vez ya has experimentado la caída, y sigues vivo. No importa. Te vuelves a montar. Vuelves a intentarlo. Te caes. Te haces daño. Vuelves a intentarlo... hasta que alfinal, consigues mantenerte en equilibrio sobre las dos ruedas, sientes orgullo. ¡Ya lo tienes! Puede que en algún momento a lo largo de tu vida te vuelvas a caer, y según se de, el accidente será mayor o menor con sus propias consecuencias, pero eso es porque somos humanos. Nadie es perfecto. Todos nos equivocamos. A todos nos cuesta algo.

¿No es acaso la vida misma un símil de aprender a montar en bicicleta?

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